Martes 9, Septiembre 2008
El ciclo en astrología y en la vida
La noción de ciclo es básica en la naturaleza y en la vida: desde los ciclos de las estaciones hasta los ciclos biológicos. Naturalmente, la idea de ciclo está unida a las de tiempo, movimiento y ritmo. Y bien puede afirmarse que la astrología es, ante todo, el estudio de los ciclos, en la medida en que los movimientos planetarios se ajustan a esta idea y se reflejan en los fenómenos terrestres.
Así, el movimiento diario de la Tierra determina el ciclo cotidiano en que se alternan día y noche, de la misma manera que el movimiento (aparente) del Sol a lo largo del año determina el ciclo de las estaciones. Y tanto en un caso como en el otro, estos ciclos tienen cuatro momentos críticos o fundamentales: la salida del Sol (amanecer), la culminación del Sol (mediodía), la puesta del Sol (ocaso) y la anti-culminación del Sol (medianoche). Asimismo las cuatro estaciones anuales: primavera, verano, otoño, invierno.
No es sorprendente que la vida humana se haya expresado en analogía a estas 4 fases:
infancia, juventud, madurez y vejez.
Imágenes tan trilladas como la primavera de la vida, el ocaso de la vida, surgen de tan inevitable analogía, que la astrología recoge y explícita. De este modo, una vida es como el día (con su amanecer, su culminación, su ocaso y su anti-culminación) o como el año (con su primavera, su estío, su otoño y su invierno).
Y así como los distintos signos astrológicos indican los distintos estadios que el sol recorre en su (aparente) movimiento anual, los distintos tipos humanos reflejados por los doce signos son a su vez diversas
manifestaciones de esa unidad mayor que forma la humanidad. Cada signo cumple de este modo el papel que el mes correspondiente cumple a lo largo del año: desde el inicio en Aries (primavera) hasta su cierre al final de Piscis (invierno). Es por ello que el signo de Aries está cargado de presentimientos, de promesas y de aspiraciones, y dotado de la energía para iniciar proyectos y detonar la aventura. Y es por ello que el signo de Piscis está sintonizado con la disolución de lo ya vivido, con el don de la compasión, a fin de dejar el terreno despejado para un nuevo y fresco comienzo. Es por ello que no hay signo malo ni signo bueno, sino que cada uno contiene su propia riqueza, su propia tarea y las características más adecuadas para su cumplimiento. Y cada persona, consciente o inconscientemente, desempeña en este gran ciclo cósmico el rol que su simiente le atribuye. Que el desempeño sea efectivo o no, sea gozoso o no, ya no es tanto cuestión del signo como de la expresión que cada persona pueda darle a lo largo de su azarosa existencia, que es tan rica como es el año y tan fugaz como el día.
Daremos un seminario en Sala Luna los lunes de 18:30 a 20:00h que empezará el 06 de octubre.
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